La Iglesia argentina sin certidumbre política

 Las declaraciones del vocero de Bergoglio, Guillermo Marcó, deben calificarse por lo menos de imprudentes, más en un momento de que la Iglesia argentina no encuentra un rumbo político cierto.  

Mientras Marcó calificaba el apoyo del presidente Kirchner al gobernador Rovira como “peligroso para todos” por fomentar “cierta división” y dando una vuelta de tuerca afirmaba que “Perón había perseguido curas y mandado a quemar iglesias”, desmentía con sus propias palabras lo que quería condenar.  

Es decir quién se volvió peligroso por alentar divisiones que costaron vidas a muchos argentinos es el propio Guillermo Marcó. 

Las apreciaciones de alguien que representa a una personalidad tan influyente como el Cardenal Bergoglio, no pueden caer en el maniqueísmo.  

El obispo de Jujuy, Marcelo Palentini, se manifiesta favorable a la tercera reelección del gobernador Fellner, y lo dice públicamente, por el contrario el ahora ex obispo misionero Joaquín Piña se presenta como candidato con el apoyo del obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez..  

No se puede aprobar a uno y desaprobar al otro 

Lo que no advierte Marcó es que los sacerdotes son los que se pasaron al campo de la política, y no Kirchner ni Rovira al ámbito eclesial.  

Que por lo tanto el juego allí se desarrolla con otras reglas.  La del voto popular. 

Y que si pierde Piña, perderá la posición de Bergoglio, ya que así se presentó en este juego.  

En cambio si gana Fellner, no ganará la Iglesia en Jujuy ni tampoco Palentini.  

Así es la lógica de la política.

 Pareciera que tampoco lo advierte la mas alta autoridad de la iglesia, ya que le da una audiencia especial al senador radical  por Jujuy, Gerardo Morales y a otros dirigentes políticos opositores del gobernador justicialista Fellner.  

El motivo de la audiencia era escuchar las quejas que por las opiniones favorables a Fellner realizó el obispo jujeño.  

Aquí ya el maniqueísmo llega a lo más alto: Morales es el candidato opositor a Fellner. 

La pregunta es relevante: ¿porqué Bergoglio entra de lleno a este juego?.  

Acaso será porque es inminente que varios miembros de nuestra Iglesia sean juzgados por su participación en crímenes de lesa humanidad , como Von Wernich. 

Ignora que muchos de ellos ya fueron sentenciados por los fieles. Los Sandrelli de Formosa, Plaza de La Plata, y tantos otros. 

Mientras los católicos seguimos esperando la demorada autocrítica de nuestra Iglesia por su rol en los años de plomo. 

Sino otros como los Macri se meterán en este juego. Y seguramente lo seguirán los Bussi, los Menéndez, los Videla, que saldrán a defender la Iglesia, para defenderse ellos. 

Iglesia que por otra parte nadie ataca. Sólo se incrimina a los sacerdotes réprobos. A los que lo merecen. 

Como hace el Santo Padre, que para defender a la Iglesia separa a los pastores corruptos de su seno. 

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